El triunfo de Simone Biles y el fracaso de la deportividad

Simone Biles ha vuelto triunfante a Estados Unidos, su país de origen, tras competir en el Campeonato del Mundo de gimnasia artística celebrado en Amberes la semana pasada, y ha vuelto no solo llevándose la medalla de oro en la final individual, sino también la de plata en la final de salto, la de bronce en la final de barra de equilibrio, y otra medalla de oro más en la final de suelo. También se clasificó para competir en la final restante, la de barras asimétricas, donde quedó en cuarta plaza.

Simone Biles no es el prototipo de gimnasta elegante o “ballética” al que muchos años de historia de la gimnasia artística nos han acostumbrado, sino que es una gimnasta fuerte, con mucha potencia, y con un cuerpo extremadamente atlético. Tampoco es el prototipo de gimnasta de raza blanca, estilizada, e incluso delicada, que ha predominado en este deporte.

Simone Biles
Simone Biles

No voy a fingir que soy una experta en el código de puntuación de gimnasia artística, porque no lo soy. Es por ello que no voy a entrar a opinar en este artículo sobre quién merecía más o menos nota de ejecución en sus ejercicios, pero, lo que sí que quiero mencionar, es que nos guste o no (y, a muchas, al menos no nos disgusta) la gimnasia artística femenina está cambiando. El código actual no favorece especialmente las coreografías reminiscentes del ballet, ni las puntas perfectas en todo momento, ni la expresividad lánguida y delicada, ni la extremada originalidad en los ejercicios de barra o de asimétricas de antaño; de ser así, sin ir más lejos, la española Cintia Rodríguez habría vuelto a casa con al menos la medalla de oro en suelo colgada del cuello. El código actual acerca cada vez más las gimnasias femenina y masculina, exigiendo niveles elevados de dificultad tanto en los elementos acrobáticos como en las conexiones, y dejando en un segundo plano la -no menos difícil- dificultad puramente artística. De nuevo, nos guste o no, es lo que hay.

Pero parece que, con los cambios del código, cada vez es más evidente la diferencia entre las gimnastas más artísticas y, como dicen muchas personas, “bonitas de ver”, frente a la imagen de la gimnasta potente y capaz de hacer acrobacias o vuelos que hace diez años nos hubieran parecido ficticios. Pero, qué queréis que os diga, para mí las dos cosas son bonitas de ver, tanto la gimnasta que, como la española Cintia Rodríguez, tiene unos pies tan perfectos que solo le faltan unas zapatillas de puntas para pasar desapercibida en cualquier compañía de ballet, como las gimnastas del estilo de Simone Biles, que nos deslumbran con saltos de gran dificultad y con unas diagonales imposibles en suelo, que, entre otras cosas, son capaces de realizar gracias a la fuerza y la musculatura de sus cuerpos.

Este año pensaba, ingenua de mí, que al no poder ver el mundial de gimnasia en Teledeporte, dados los recortes que han afectado a la emisión en RTVE de los llamados “deportes minoritarios”, me iba a evitar tener que escuchar casi más comentarios sobre los cuerpos y el aspecto de las gimnastas que sobre la gimnasia misma. Pero me equivoqué, porque para todo esto estuvieron Twitter y el resto de redes sociales.

Ya desde el día de la clasificación, cuando Simone Biles hizo su primer ejercicio, y hasta la última final en la que ganó la medalla de oro en suelo, Twitter ha estado plagado de comentarios haciendo alusión a lo grotesco que resulta que se ponga un maillot rosa una chica con un cuerpo así de “masculino”; a que si parece una culturista y no una gimnasta; alusiones a que si su ejercicio de suelo parecía un ejercicio de suelo masculino (y no, no como un piropo, que, si nos ceñimos al código, decir esto debería de ser un piropo); y, los más cretinos, hasta se han atrevido a decir cosas como que está gorda, que parece una croqueta, o que su musculatura da repelús.

Este despropósito en las redes sociales, desgraciadamente, tampoco es nuevo. Sin irme muy lejos, en el mundial de 2011, no solo hubo comentarios parecidos a los que ha habido respecto al cuerpo y al aspecto de Simone Biles sobre la también estadounidense Jordyn Wieber, otra gimnasta del prototipo de gimnastas potentes, de la que se dijo que “le robó” la medalla de oro a la rusa Viktoria Komova (gimnasta más elegante y estilizada y, por ello, favorita de muchas y muchos); sino que también me topé con múltiples tuits y entradas en Tumblr o Facebook sobre las intenciones de enviarle unos brownies y unos donuts a Viktoria Komova porque con su delgadez y su palidez no parecía estar sana. Y es que, no solo las gimnastas más musculadas se llevan comentarios negativos sobre su aspecto, de igual modo, este año, ha habido bastantes comentarios desagradables en las redes sociales sobre, por ejemplo, el aspecto de la gimnasta china Shang Chunsong: comentarios sobre su delgadez, sobre si parece que tiene 8 años y no 17, sobre si estará enferma, sobre si parece un feto, o sobre si le habrán hecho una prueba de enanismo antes de dejarla competir.

Ligado a las críticas sobre su aspecto físico, ha habido también varias personas que han comentado que Simone Biles debería de estar haciendo gimnasia acrobática y no artística. Simone Biles ha sido la gimnasta más condecorada de estos mundiales, ¿de verdad creéis que este no es su deporte? No veo que nadie diga que Cintia Rodríguez, o que la griega Vasiliki Millousi, otra gimnasta tremendamente elegante, deberían de estar haciendo gimnasia rítmica, aunque ninguna de las dos ha ganado ninguna medalla en esta competición. De nuevo, es el código vigente, y, nos guste o no, es lo que hay.

Nunca llueve a gusto de todos, para gustos hay colores, y demás frases pertenecientes al repertorio del refranero castellano que podría utilizar en estos momentos para ilustrar lo que pretendo decir. Es posible que nunca más volvamos a tener a una Lilia Podkopayeva en la gimnasia, con la que todas y todos, independientemente de nuestro país de procedencia o de nuestro estilo de gimnasta preferido, nos demos por satisfechos con que gane una final individual. Pero, que yo sepa, ni Jordyn Wieber le “robó” la medalla de oro a Victoria Komova en 2011, se la dieron las jueces; ni Simone Biles ha tenido nada que ver con la redacción del código de gimnasia actual. Y, lo que es más grave, nada de todo esto nos da derecho a criticar los cuerpos o el aspecto de nadie y, mucho menos, los de unas atletas, en su mayoría adolescentes, que hacen más esfuerzo físico en una sola mañana del que la mayoría de las personas que están detrás de estos tuits y críticas tan dañinos hacen en todo un mes. Estas adolescentes, o estas mujeres, incluyendo también a las pocas que practican este deporte a partir de cierta edad, nunca deberían de tener que enfrentarse a leer comentarios despectivos sobre sus cuerpos, su forma de moverse, su aspecto, el color de su piel, o el color que eligen ponerse. Como espectadores de un deporte, podemos comentar lo bien o lo mal que ha hecho algo, y nada más, ahí debería de estar el límite.

Ay del día en que a alguien se le ocurra decir que un gimnasta varón no debería de ponerse una camiseta azul porque, con lo “femenino” que es su cuerpo, resulta grotesco que se vista de azul. Estos comentarios sí que nos resultarían grotescos.

Estamos demasiado acostumbrados a vivir en un mundo en el que los cuerpos de las mujeres son algo que se puede y se debe criticar, y, lo que es peor, que se puede y se debe manipular, moldear, pintar, recortar, rellenar y coser a gusto de lo que marquen las modas. Estamos tan acostumbrados a esto, que amantes del deporte —insisto, amantes del deporte— de todo el mundo, no solo no se limitan a ver y a disfrutar únicamente el deporte, sino que tampoco se plantean el peligro que tiene escribir un comentario en una red social en el que se proclame que una gimnasta de 16 años está gorda, o que una de 17 parece un feto.

Me gustaría recordar que nuestra pasión es este deporte, que este deporte cuenta con un código y con una normativa, y que lo único que hacen las gimnastas, sean del tamaño, del color y del país que sean, es adaptarse a este código lo mejor que pueden dentro de sus posibilidades físicas y de las posibilidades económicas de su federación.

No descarto tampoco que, en el caso de Simone Biles, sea factible que, para muchos, la raza de la gimnasta también tenga algo que ver con sus comentarios despectivos. La gimnasia artística femenina ha sido mayoritariamente un deporte de mujeres blancas. De la misma forma que hay comentaristas de gimnasia que no son capaces de distinguir a las gimnastas chinas porque “todas se parecen”, después de que en los últimos JJOO de 2012 por fin una gimnasta de raza negra, Gabrielle Douglas, ganase la medalla de oro en la final individual, ha habido mucha gente que ha confundido a Simone Biles, también de raza negra, con su compatriota Douglas. Sin ir más lejos, el día de la final individual del mundial de este año recibí un mensaje por Whatsapp que decía “Guau, la chica negra que ganó en las Olimpiadas lo está haciendo genial, va a ganar otra vez”.

Nadie ha criticado a Epke Zonderland, el gimnasta holandés que ganó la medalla de oro en barra fija, por sus piernas, ni por su pelo largo y de estilo despeinado, ni porque se vista con los colores chillones de su bandera. Todo el mundo ha mencionado la espectacularidad de su ejercicio por la dificultad que presenta, y creo que no me equivoco al afirmar, que prácticamente todos los fans de la gimnasia, celebramos su triunfo. De hecho, y hurgando un poco más en la llaga, en un conocido blog estadounidense de gimnasia, se ha publicado que Zonderland ganó gracias a los aplausos, no gracias a la ejecución de su ejercicio, pero que aún así, es imposible enfadarse con el gimnasta porque es “adorable”. ¿Por qué con las chicas es diferente? ¿Por qué nos atrevemos a criticar todo, desde el color del maillot que llevan puesto, hasta su pelo, y la delgadez o fortaleza de su cuerpo? ¿Por qué no somos capaces de ceñirnos a admirar que su ejercicio está colmado de dificultad y perfectamente adaptado para ganar bajo el actual código? ¿Por qué, aunque la gimnasta nos parezca adorable —porque, no me lo podéis negar, y, sobre esto también ha habido comentarios en las redes sociales, Simone es adorable— nos atrevemos a decir semejantes barbaridades sobre su aspecto, y extrapolar estas barbaridades a criticar el número o el color de las medallas que gana?

Y es que, la gimnasia, por mucho que sea un deporte, convive con una sociedad que no deja de ser machista en sus formas, una sociedad en la que una mujer no puede permitirse ser solo una deportista o solo una gimnasta excelente (igual que una mujer no puede permitirse ser solo una médico, una ejecutiva, o una dependienta), además de eso, por ser mujer, tiene que ser también guapa, alta, delgada, elegante, “femenina” y, a ser posible, después del esfuerzo que lleva todo esto, sonreír constantemente.

No, las gimnastas, para bien o para mal, no se libran del ser mujeres, pero las mujeres venimos en todas las formas, tamaños y colores: más altas, más bajas, más delgadas, más gruesas, con más o menos musculatura, más pálidas y más morenas. Evidentemente, hay cuerpos que son más aptos para practicar ciertos deportes, y una mujer con cuerpo de gimnasta de rítmica lo tendría muy difícil para dedicarse a hacer lanzamiento de peso, y viceversa. Pero es que, y permitidme que insista, el código de la gimnasia artística está cambiando, y los tiempos en los que una gimnasta como Nastia Liukin, ganadora del oro individual en los JJOO de Beijing en 2008, estilizada, artística, elegante, sin apenas dificultad en salto y con un ejercicio de suelo muy bonito, pero que daba la sensación de que a partir de la segunda diagonal se iba a quedar sin fuerza y caería de espaldas, se han acabado.

Y si bien es cierto que siempre habrá algunos casos excepcionales de gimnastas capaces de combinar todo en una misma persona y realizar acrobacias increíbles aún teniendo una imagen de bailarina (como por ejemplo, la rumana Sandra Izbaza o la anteriormente mencionada Viktoria Komova), con este código no podemos esperar que todas sean así, ni crucificar que el “estilo” de gimnasta potente de algunos países como Estados Unidos se lleve medallas, porque no es “el estilo de algunos países como Estados Unidos”, es el estilo del código vigente, y Estados Unidos resulta ser un país que invierte muchísimo dinero en la gimnasia, y, por lo tanto, se puede permitir adaptarse mejor al código. Es por eso que, otra vez, nos guste o no, Estados Unidos es el país que gana más medallas en los últimos tiempos: allí, que una niña haga gimnasia artística es tan “guay” como que en España un niño practique el fútbol. La gimnasia es un deporte de moda en EE.UU., las gimnastas salen en las revistas que leen las adolescentes, salen en los cartones de cereales que desayunan todas las niñas antes de irse al colegio, salen en la televisión y son invitadas a las galas de Hollywood. Si mañana mismo cambiasen el código radicalmente, y la fuerza o la acrobacia dejasen de ser lo que más dificultad aporta, en Estados Unidos les saldrían 1000 niñas de debajo de las piedras de cada gimnasio de cada pueblo remoto que estarían perfectamente adaptadas a lo que fuera que exigiese el nuevo código y que también ganarían medallas de oro. Que España triunfe en el fútbol a nivel mundial y que Estados Unidos triunfe en la gimnasia artística, no es azaroso. Pero los asuntos económicos y las modas deportivas de cada lugar son otro tema. Tan solo pretendía poner de manifiesto que odiar y criticar a las gimnastas de un país porque sus federaciones tengan medios de sobra como para adaptarse e invertir en ser las primeras en un deporte no es precisamente acertado.

Tal vez en la próxima competición nos podríamos proponer mirarnos todas y todos al espejo antes de escribir nada en las redes sociales, y recordar que las gimnastas no opinan sobre sus notas, sino que son las jueces las que deciden, en teoría, únicamente en base a un código. Las críticas a la subjetividad de las jueces, igual que las críticas al código de puntuación, nunca serán tan potencialmente dañinas como las que reciben las propias gimnastas, que, al ser la mayoría adolescentes o mujeres jóvenes, forman parte de las mismas redes sociales en las que aparecen comentarios sobre sus cuerpos. Bien sabemos que las jueces no son justas siempre, que la gimnasia es un deporte subjetivo y que por muchas limitaciones que imponga el código, siempre prevalecerán los gustos, las predilecciones, quién tiene un nombre propio y quién no dentro de este deporte, e incluso, la política de los países de procedencia de cada gimnasta; pero la gimnasta en cuestión no tiene nada que ver con todo esto, porque la gimnasta lo único que hace es salir, hacer su ejercicio delante de miles de personas y esperar a que las jueces recompensen todo el trabajo, esfuerzo y preparación que ese ejercicio lleva detrás.

Luego nos lamentaremos de que la gimnasia es un deporte que tiene fama de provocar trastornos alimenticios y serios problemas de autoestima entre las niñas y las adolescentes que lo practican, y nos atreveremos a culpar exclusivamente a los entrenadores, o a las madres y padres de todo esto. Señoras, señores, la culpa empieza en el momento en el que a alguien se le ocurre hacer un comentario sobre el cuerpo de una niña o de una mujer, y no solo en el mundo de la gimnasia, en el mundo en general. Los cuerpos y el aspecto de las mujeres, y los cuerpos y el aspecto de las deportistas, aunque sean obras de arte, no están expuestos para ser criticados.

Las gimnastas son gimnastas, no bailarinas; las gimnastas son deportistas, no modelos; y, por encima de todo ello, las gimnastas son personas, y merecen nuestro respeto.

Nines B. Rodríguez

45 Replies to “El triunfo de Simone Biles y el fracaso de la deportividad”

  1. Vale, 99% de acuerdo Cris, pero entonces que vuelvan a llamarla “deportiva”. Los dos párrafos finales son de 10.

  2. María del Mar dice: Responder

    Amiga, es que para el arte está la gimnasia rítmica. Te recuerdo, si es que no lo sabes ya, que el código actual de la gimnasia rítmica favorece la parte artística, los pasos de ballet, quitando bastantes aspectos de dificultad.

  3. Wow! muy interesante el contenido.
    La gimnasia se mantiene, por eso de llama ARTÌSTICA, que a evolucionado? claro que si, y mucho, son otros modos de entrenamietnos, biotiPos, genetica incluso.

    que te puedo decir, la raza negra, es la que atleticamente predomina mucho en atletismo y ahora en gimnasia, y de eso no hay que asombrarse.

    Para mi la frase del Baron Pierre de Cobertain ya paso de moda. “Lo mas importante no es ganar medalla, sino, competir bien”…
    Ahora los conceptos esta dados en “lo mas importante es quedar primero”
    EEUU. gana medallas por que de seguro estan trabajando en sus atletas.. o de seguro los padres de familia estan invirtiendo mucho $$$ para que sus hijas logren fama. esa es politica yanki.

  4. Estoy de acuerdo en lo que dices, pero yo soy el primero en decir que la tipología de una gimnasta no me gusta, no a modo crítica sino que mi concepción de una gimnasta no es como la que por ejemplo, Simone biles representa, y es una opinión personal, pero de la misma manera que puedo opinar sobre eso también opino sobre lo poco musculado que está Max Withlock, el tronco tan “raro” que tiene John Orozco o que Hambuechen se está quedando calvo, y no a modo crítica despectiva sino que como espectador también tengo el derecho a criticar, pero si tienes razón en el machismo que se da y es algo que debería cambiar. En cuanto al tema de quien gana y quien no, el tema del premio de la elegancia, no tiene nada que ver con lo bueno que seas y se lo llevó el campeón mundial y la subcampeona olímpica, ¿Eso es ser objetivo? Eso es que existe mucho politiqueo y que así nunca se va a ser justo en nada, así que hasta que una gimnasta que no sea las de siempre gane, creo que pasará mucho tiempo.

  5. Me parece que Simone es buenísima en suelo. A todas la personas que critican los invito a que aprendan un ejercicio de suelo con esa dificultad.

  6. Bernardita Osorio dice: Responder

    Es perfecta en sus movimientos y en la creatividad y fuerza en su presentacion.

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